Este 4 de julio de 2020 te esperamos en la segunda edición de Ultra Amazonas

Crónica de la primera edición de Ultra Amazonas 2019

Cataratas de emociones

La primera edición de Ultra Amazonas fue un intercambio de experiencias intensas. Corredores de 13 países se reunieron para desafiar la selva peruana

‘Depa’ agita los brazos sobre el escenario montado en la plaza de Pomacochas. La energía que le pone a su voz termina ganándole a la música de fondo.

El ‘speaker’ más conocido del mundo trail contagia con su emoción. El pueblo está revolucionado. Son casi las 2 de la mañana, hace frío y llueve. Pero todos están fuera de sus casas despiertos. Las miradas y aplausos se dirigen a una treintena de visitantes, armados de luces frontales, mochilas, bastones, gorros. Sobre el arco de partida, el público se acerca a ellos para sacarse fotos. Ahí pueden distinguir acentos diversos: Puerto Rico, España, Argentina son algunos de los países presentes.  

De pronto, la cumbia cede su lugar a los acordes de “Highway to Hell”, el himno de AC/DC que anuncia la inminente partida de los corredores de 80K. El conteo regresivo de Depa es rápidamente acompañado por los asistentes. Ultra Amazonas empezaba así a escribir su propia historia.

Mientras el pueblo de Pomacochas celebraba ser sede de una competencia deportiva internacional, los atletas se internaban en una prueba que los obligaría a sacar sus mejores armas. Luego de bordear los 15 kilómetros de la laguna local, los competidores debían adentrarse en el monte rodeado de cataratas.

Aquel sábado 6 de julio el clima jugó un rol protagónico. Tras dos semanas sin lluvias, desde tempranas horas de la madrugada las gotas anunciaban una jornada compleja. “Conversando en la previa con gente local me comentaron que si llovía sería una carrera muy distinta”, menciona el argentino Mathías Chazarreta, competidor de 50K.

Ese capricho climatológico parecía darle un carácter casi épico a la carrera. Al esfuerzo que implicaba recorrer las distancias en un terreno desconocido, se sumó las capas de barro que elevaban la dificultad de la prueba. Al igual que las caídas de agua y bajadas pronunciadas, había que estar pendientes de las piedras resbaladizas. En aquel entorno verde, el cansancio empujó a muchos a conectarse de una forma más estrecha con la naturaleza. “La montaña es lo que es y hay que respetarla. No puedes pretender que sea un sendero marcado o pista asfaltada. Te vas a encontrar barro, piedras, raíces, animales, cataratas, sol, arco iris”, diría Chus Álvarez, el asturiano que cruzó la meta segundo en los 50K, al concluir el trayecto.

El clima celebratorio de Pomacochas se repetiría dos horas más tarde (4 a.m.) en Suyubamba, donde se inició los 50K. El pueblo rompía su ritmo habitual con las ilustres visitas. La largada de los competidores vendría acompañada de fuegos pirotécnicos que retumbaron en la verde cadena montañosa. En el camino, ya amaneciendo, los corredores encontrarían a sus compañeros de 25K y 10K, que largaron rato después de San Carlos y San Pablo, respectivamente.

Durante toda la jornada las comunidades estuvieron conectadas por un pensamiento común: Ultra Amazonas. Mensajes de aliento escritos en carteles, aplausos, arengas cantadas a viva voz, voluntarios que repartían hidratación y alimentos. Pese a las condiciones metereológicas, los nueve pueblos comprendidos en la ruta estuvieron expectantes de la carrera y querían mostrarse como los mejores anfitriones.

“Lo más valioso fue sentir el ánimo de los compañeros de carrera y la gente que te animaba en el camino. Unos metros antes de la meta una señora me recibió dándome ánimos con dos tapas de ollas. Se me mojaban los ojos de tanta emoción. No podía creer que correr podía conectarte tanto con otras personas y contigo mismo”, anota Nubia Bonopaladino, recordando su participación en los 12K.

Los picos de emoción se vivieron en Cocachimba, el punto final de la travesía. Al pie de la imponente catarata de Gocta, los corredores decían misión cumplida al cruzar la meta. Incluso más. Era haber cumplido al llamado de la selva. Muchas emociones se cruzaban: cansancio, agotamiento, satisfacción, alegría. En momentos de pocas palabras, los rostros hablan.

“Acá estoy”, dice sonriente la corredora húngara Ildiko Biro pocos minutos después de cruzar la línea final. A su lado, Daniel Fernández, su novio español todavía luce exhausto. Ambos completaron los 25K. “Si he sido capaz de correr esta prueba, soy capaz de todo”, anota.

Han pasado más de 10 horas de carrera y el público luce inquieto. Ya llegaron Segundo Llanos y Geiner López, los ganadores de 25 y 50K, pero se aguarda al primer competidor de la distancia máxima. La lluvia cae de forma intermitente, sometiendo al público a guarecerse por ratos en alguna sombra. El clima parece no aflojar con los competidores aún en el circuito. De pronto, algunos gritos y vivas anuncian a Depa la llegada del primer hombre de los 80K. Vestido de naranja con el dorsal 80-016, el moyobambino Milder Uriarte detiene el reloj en 10 horas 40 minutos y 35 segundos.

Algo incrédulo aún por el logro obtenido, Milder da sus primeras impresiones de la competencia. “Luché de principio a fin. Cuando estaba en los últimos kilómetros me di cuenta que todavía tenía energía y así me quedé con el primer lugar.  Costó, pero fue una bonita ruta, espectacular, sus cataratas una maravilla”. 

Su cuerpo no exterioriza cansancio, pero su tono de voz deja notar el esfuerzo. “La lluvia le dio un toque extra de adrenalina. Quizás me favoreció, porque donde vivo es un clima similar, donde hay barro. Estoy acostumbrado a estos terrenos”, evalúa.

Mientras tanto, ‘Chema’ Martínez, una leyenda viva del running europeo, seguía desafiando la selva. Aquellas postales imborrables cruzando las cataratas Chinata y Pabellón, quedarían grabadas en el corredor español. Horas más tarde, describiría en sus redes sociales haber vivido una de las experiencias más intensas de su vida. Y dejaba abierta la posibilidad de retornar. Siempre serás bienvenido campeón.

Las pronunciadas bajadas y el incremento de las caídas de agua hicieron de la primera edición de Ultra Amazonas una carrera muy técnica. La organización ha tomado nota de sugerencias para así potenciar y garantizar los niveles de seguridad en la segunda edición. Se buscará también mantener las rutas en los meses próximos. El trayecto recoge caminos ancestrales de la Cultura Chachapoyas y a partir de esta carrera, nuevas posibilidades turísticas pueden abrirse.

Testigos de la belleza paisajística fueron los propios corredores. Muchos de ellos, detuvieron sus marchas en distintos puntos para recargar energías o revisar estrategias de cómo afrontar los últimos kilómetros. Distintas formas de entablar un diálogo íntimo con la naturaleza. También para estrechar la convivencia, marcada en esos lazos invisibles que se tejen entre compañeros de ruta.

Progresivamente Cocachimba iba llenándose de finishers, gente exhausta pero sonriente por haber cumplido el desafío propuesto. Manuelito Figueroa, un embajador permanente de la región Amazonas y propulsor de la carrera, seguramente veía en esas expresiones su sueño realizado.

El esfuerzo daría lugar a la descarga. El colorario de la experiencia llegaría con el marco musical de Los Cuervos de Rioja y un día después con la visita al complejo arqueológico Kuelap.

En el Valle de las Cataratas el 6 de julio empezó a escribirse una historia que conecta deporte, turismo y desarrollo social. En su primera edición Ultra Amazonas ya adquirió matices épicos, escribiendo las páginas iniciales de su propia mitología. La selva peruana por fin tiene la carrera que se merece.

 

Testimonios

Chus Álvarez (50K), España

“En siete horas de carrera uno pasa por muchas sensaciones. Al principio me sentí a gusto, iba junto con el ganador. Él es de esta zona, hablamos un poco en medio de la carrera.  Después llegó el momento de descensos complicados, con cuerdas, mucho barro, cruzar cataratas. Me pareció muy técnico, tuve varias caídas. Paré un rato, respiré hondo. Dije ‘Venga, vienes a disfrutar la carrera’. Me adelantaron otros dos corredores hasta el km25. Ahí el terreno empezó a mejorar. Veía a los corredores de 25k y me animaba adelantarlos, me sentí a gusto, recuperé fuerzas. Ahí recuperé el segundo lugar. En los últimos 5k, cuando ya era el cruce para ir a la catarata de Gocta, ves el poblado de Cocachimba a la derecha y dices “ya estoy llegando”. Falsa idea la mía. Al final se me atragantó esos últimos kilómetros y llegué muy justito a la meta”.

 

Nubia Bonopaladino (12K), Perú

“Era la primera vez que corría y sabía que, a pesar del cansancio físico o mental que podía sentir, sería divertido vivir una experiencia de este tipo en la selva. Igual lo que imaginé no se compara a lo vivido durante esas horas. Empecé tratando de recordar lo que me habían dicho (ir a mi ritmo, tranquila al inicio para no quemar piernas). Por momentos las piernas me temblaban, la lluvia me empapaba pero lo que eso me hacía sentir no era para nada malo. Mi cabeza pensaba en los riesgos pero también era la principal fuente de energía y hacía que mi cuerpo se mueva más rápido. Me quedo impresionada con lo diverso que es nuestro territorio. El paisaje de la selva es demasiado hermoso, uno se siente pequeño con los retos que te impone. Lo variable que puede ser el clima y lo complejo de la geografía es alucinante”.

 

Mathías Chazarreta (50K), Argentina

“Vivo en la Patagonia, con climas y escenarios muy distintos a la selva. Nunca había pasado por cataratas. Ahora lo ves en las fotos y dices ‘wow, por ese lugar pasamos’. Si bien corrí en lugares con piedra y barro, nunca había experimentado esto. La verdad es que estuvo bien chévere. Como todo evento hay cosas a mejorar, pero la ruta es más que recomendable. En lo personal si no hubiese llovido hubiera tenido mejor rendimiento. La parte más dura fue dentro de la selva. No te das cuenta, pero dentro del barro haces un desgaste enorme. Venía bien hasta el km 45 y los últimos 5 km fueron eternos. Los caminé. Estoy conforme, pero algunas cosas mejoraré. El año que viene estaré nuevamente por estos lados”.

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